aborto, duelo, Estado de ánimo, ILE, maternidad, muerte gestacional, pérdida de un hijo, psicología

4am

No se muy bien como empezar esto. Son las 2 de la mañana, pero ni Youtube ni el Lorazepam han conseguido que concilie el sueño hoy y al final me he levantado, porque dar vueltas en la cama sollozando no es una buena manera de pasar la noche. Me he encerrado en el baño a llorar de verdad y me he dicho: necesito escribir, aunque nadie me lea, aunque al otro lado no haya un lector, pero necesito desahogarme. Por eso he creado este sitio, siento que el otro blog es de mi hija, en el que compartí los momentos que tan feliz me hicieron y los que me atemorizaban, temores que hoy siento estúpidos y de los que me avergÜenzo pero que sentí cuando ella estaba conmigo. No quiero manchar ese lugar con mi tristeza.

Hoy hace un mes que perdimos a nuestra hija en una interrupción del embarazo que duró entre unas cosas y otras 13 horas, y con la recuperación 25 hasta que me fui a mi casa otra vez, sin nada en mi barriga y un agujero enorme en mi corazón. Hoy es una fecha importante y supongo que es normal estar así. Hace semanas que no duermo bien, ni como bien ni soy yo misma, siento que me han arrancado un pedazo de mi alma y que nunca más volveré a llenar ese vacío. Hemos pasado ya por dos visitas al psicólogo, mañana tenemos otra y hoy ha sido nuestra primera sesión con el grupo de apoyo de Vall d’Hebron y no sabría decir si me siento bien al respecto o mal, en referencia al grupo. Sí es cierto que es un espacio en el que podemos hablar de nuestros hijos, decir sus nombres y que los que nos rodean no nos miren mal, compartir experiencias y ser un poco más conscientes de que hay muchas personas pasando por nuestra situación o algo parecido, pero también es cierto que hoy estoy peor que ningún otro día. Será por la fecha, será por el nivel de empatía que te genera oír a alguien contar su pérdida, tan dolorosa o más que la tuya, pero me siento fatal. Siento que la vida me ha dado una patada en el hígado y que no lo había recordado en días: y me siento culpable. Culpable porque hasta ahora todo era muy racional, meditado y estudiado. Es obvio que he tenido momentos de caída irrecuperable, pero poco a poco han ido desapareciendo, los he ido amontonando en un rinconcito queriendo pensar que estoy bien y que debo mirar adelante, no recrearme en ese dolor y esa angustia porque si hacen presa de mi no volveré a levantar cabeza, y no puedo permitírmelo. Pero la mente me juega malas pasadas a diario con cada dolor, cada cólico hasta que caigo en la cuenta de que estoy vacía. Apenas noté movimientos unas 4 semanas, pero lo añoro tanto… Al principio era como si estuviera dormida, o simplemente no tuviera ganas de jugar. Pero de repente me viene a la mente su carita roja y sus pies pálidos y me rompo en mil pedazos.

Hoy hemos estado refiriendo lo que peor llevamos, y para mi es el concepto de mala suerte, siempre lo digo, porque la suerte es algo que siempre había asociado a trivialidades. Y esto no lo es. El hecho de que por “mala suerte” no vaya a poder tener y ver crecer a mi hija me carcome por dentro y no puedo hacer nada, solo rendirme y esperar que pase limitándome a ser parte de una estadística ridícula. Pero de algo si que me ha servido la sesión de hoy: he encontrado gente que me comprende y comparte mi dolor, lo entiende y lo respeta. No digo que mi entorno no lo haga, pero está claro que la muerte de un nonato es algo que generalmente se deja de lado porque no se considera que ese feto sea el hijo de alguien. Si el bebé llega a nacer la cosa cambia, se concibe la pérdida cuando es alguien que has visto estando completamente formado, preparado para vivir y aunque sea algo completamente antinatural y para lo que no estamos preparados se permite un duelo. Pero cuando su vida se interrumpe en el camino no se dice que has tenido un hijo, sino que has tenido un aborto.

Qué difícil se está haciendo. En mi vida habría pensado cuan difícil y dolorosa es esta situación. Hasta hoy no había vuelto a recordar detalles del día de la interrupción, y al volver allí y contar nuestra situación y oír a las demás parejas han ido aflorando uno a uno como una cuchillada, despacito. Me han destrozado, siento que emocionalmente ahora mismo soy un moco.

Encontré un foro de mujeres y estoy siguiendo un hilo de una chica que comentó que se sentía mal después de haber tenido un aborto diferido a las 9 semanas. Me siento muy a gusto, son un encanto de chicas pero la mayoría no pasaron o no llegaron a los 3 meses de gestación, no me he encontrado con ninguna que haya tenido un aborto por parto inducido y su recuperación está siendo más rápida. Todas lo han pasado hace mínimo un mes y pico y hasta algunas han colgado fotos de su nuevo positivo, y me alegro mucho que tengan esa nueva oportunidad, estoy segura de que yo la tendré muy pronto también pero no puedo evitar que me duela un poquito. Por lo que a mi respecta, tendré que esperar un poquito más para volver a intentarlo.

Hoy ha sido un día muy duro. Pensaba que estaba mejor, pero me he estado engañando a mi misma y no se si influye la hora que es y la pastilla que me he tomado, pero siento que no tengo fuerza ahora mismo, solo tengo ganas de entregarme a la desesperación y coger un látigo para entonar el mea culpa, por muy consciente que sea de que yo no tengo culpa de nada, ni yo ni nadie. Solo quiero que pase y no olvidar a mi hija nunca. Ahora recuerdo todas las veces que le he pedido perdón, las veces que le decía lo mucho que la queríamos estando aún en mi barriga, que pasara lo que pasara la iba a proteger y no pude. No me consuela saber que no ha sufrido, que era un ser sin conciencia y que no sabía nada de lo que pasaba a su alrededor, siento que ha pasado por aquí sin llegar a ser nada salvo la criaturita que más he querido hasta el momento. Sé que “los muertos nada saben” aunque le he pedido a mi abuelo que cuide de ella, porque en el fondo quisiera pensar que ellos siguen estando en algún lugar y no habría otra persona en este mundo ni en mil mundos con la que ella pudiera estar mejor no pudiendo estar conmigo que con él.

Quiero pensar que todo pasa por algo, que son lecciones necesarias para afrontar lo que sea que nos tiene preparado el futuro, pero miedo me da pensar qué puede haber ahí . Quiero pensar que no me estoy volviendo loca.

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