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Volver a la rutina

Así, de entrada, volver a la rutina parece fácil. Pero llega un punto en que te das cuenta de lo equivocada que estás y lo poco que haces comparado con lo que hacías antes de la interrupción. No me refiero a volver al trabajo: has pasado por un parto y un postparto, la recuperación física llega relativamente pronto, de hecho antes que con un parto a término del embarazo ya que el trabajo de expulsión no es ni la mitad de complicado, puedes volver al trabajo cuando tus heridas internas están curadas y no corres riesgo de hemorragia o fisura. Pero volver a la rutina no es simplemente volver a tu trabajo, es hacer todo exactamente como lo hacías antes. Yo me creí recuperada hasta que me he dado cuenta que no he vuelto a hacer una comida decente, he puesto una sola lavadora en semanas y sobretodo, no he vuelto a escuchar las canciones que bailaba con mis manos en mi barriga y tarareaba para las dos.

Me duele hacer vida normal, porque mi vida no es normal ahora. Me cuesta recibir elogios porque creo que no los merezco y los días me aburren profundamente.

Para colmo empiezo a tener dolor de ovarios, un dolor que no había sentido en seis meses y que me recuerda dos cosas: lo miserable que me siento por haberme visto obligada a perder a mi hija y que todo puede volver a empezar: hay otra oportunidad.

Procuro salir, distraerme y tratar de ver el mundo como lo veía antes de estar embarazada, pero cruzando el umbral de vuelta a casa todo vuelve a apretar y la sensación de soledad vuelve a subirse a tu espalda. Y lo cierto es que nada va a volver a ser lo que era, porque esto, además de ser una putada con todas sus letras y entonación, ha sido una lección que está haciendo que vea las cosas de una forma muy diferente a como las veía antes: nunca más voy a preocuparme por tener problemas con amistades o a pensar que el mundo se acaba por cualquier cosa, reconozco que cada uno tiene sus momentos y sus problemas, pero no van a afectarme. No cuando he visto a mi bebé marcharse envuelta en una media sábana de hospital para no volver.

Llegará el día en que vuelva a oír esas canciones y piense “ésta nos gustaba bailarla, es una buena canción” y no me duela. O al menos eso es lo que espero.

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