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Vayamos al principio: ecografía morfológica

EL 9 de Mayo tuve cita para la ecografía del segundo trimestre, la que se llama morfológica porque es donde miran que el feto se esté desarrollando bien. Debería haberla tenido una semana antes, pero hubo un problema y como a las 16 ya me habían mirado por el problema de tiroides decidieron que no pasaba nada si se retrasaba. Estaba de 21+4 semanas. La espera se había hecho eterna y teníamos unas ganas locas de volver a verle, incluso me comí una chocolatina para conseguir que se moviera más, porque en la anterior había estado de siesta y ni siquiera sabíamos aún qué era.

Había mucha actividad, pero conforme la obstetra iba tomando medidas yo ya intuía que algo no funcionaba del todo bien. Nos dijo que había un problema, una cosita que no terminaba de verse bien. Nos derivaron al especialista de diagnóstico fetal del hospital Vall d’Hebron donde a los tres días nos confirmaron un defecto del tubo neural (DTN), una espina bífida abierta en concreto. ¿El pronóstico? Desolador. Por mucho que interviniéramos por vía intrauterina, el daño estaba hecho. He dejado enlace a wikipedia, pero para que os hagáis una idea el hecho de que la espina bífida sea abierta significa que la espina dorsal no cierra en su parte superior, los huesecillos que nos notamos en la espalda simplemente no están y tanto la médula osea, como los nervios y las membranas quedan en contacto directo con la piel, perdiéndose. La apertura estaba a nivel de la t12. Además, se diagnosticó ventriculomegalia en ambos lados del cerebro y malformación de Chiari tipo 2. En ese momento me quería morir. ¿Por qué? ¿Cuándo había pasado eso y por qué? La columna se cierra a las 4 semanas de gestación, había crecido con ese problema y no nos habíamos dado cuenta. Empecé a tomar ácido fólico en cuanto supe que estaba embarazada, una dosis del 200% de la diaria recomendada normalmente. Me dijeron que no tenía por qué ser eso, las causas son multifactoriales y simplemente he tenido mala suerte. ¿Qué probabilidades había? Lo acabo de mirar, 3 por cada 10000. La mala suerte ha hecho que mi hija, un bebé deseado a más no poder y buscado durante casi dos años fuera una de esas 3 de entre 10000. No dejé de llorar hasta que me metí en casa de nuevo.

Tomamos la decisión en seguida, no podíamos traer a este mundo a una personita que iba a sufrir desde el minuto 1. Nos dejaron el fin de semana para pensar, al lunes siguiente me practicaron una amniocentesis para recoger información genética y comunicamos nuestra decisión a la responsable de diagnóstico. Ese fin de semana fue el más horrible de mi vida, sobretodo porque había tomado una decisión, mi hija se iba a ir y no sabía cuando. No se si de manera consciente o inconsciente dejé de sentir sus movimientos y eso me desesperó. Antes de conocer el diagnóstico definitivo tuve un ataque de ansiedad como nunca, tuve que ir a mi médico a por la baja porque me mareaba, veía mal y vomitaba. Esas noches noté como nunca a mi pequeña, daba patadas, se giraba, parecía que corría de un lado al otro dentro de mi y cuando supe lo que había que hacer dejó de hacerlo. Al darme cuenta de eso me derrumbé, llegué a pensar que había dejado de moverse porque entendía mi decisión, porque sabía que me iba a deshacer de ella y ¿para qué iba a hacerme saber que estaba ahí si yo ya no la quería? Entendía que sus movimientos las noches anteriores querían decirme algo, que quería luchar, seguir fuera lo que fuera y que al conocer al detalle como iba a vivir hubiese desistido, como creyendo que no valía la pena venir en esas condiciones.

Durante ese fin de semana busqué información, foros de ayuda, opiniones, lo que fuera, pero solo me encontraba con grupos de gente con hijos afectados, hijos vivos. Me terminó de hundir.

Recuerdo como tumbada en la cama hablándole, diciéndole que la quería como no quería a nadie en esta vida pensé en lo estúpida que fui cuando sentía miedo. Ojalá ese miedo lo tuviera ahora. Me sentí una niñata estúpida y consentida. Ojalá hubiese podido afrontar ese miedo.

El lunes 15 de Mayo comunicamos la decisión y recogieron la muestra sin ningún problema. Hasta ese momento no queríamos saber qué era, pensábamos que cuanto más abstracto fuera todo sería más fácil, pero buscando en el informe las semanas me saltó a los morros escrito en negrita: era una niña. No pudimos evitar ponerle nombre inmediátamente, porque lo habíamos decidido hacía mucho. Me dieron una pastilla para facilitar el trabajo de parto, porque en esa etapa ya solo pueden salir por parto. Me explicó cómo sería el proceso, lo que haría falta. Estaba tan desconsolada que en vez de esperar a que la pastilla hiciese su trabajo (36 horas) programaron mi ingreso para el día siguiente.

Ojalá hubiese tenido la oportunidad de tener miedo con ella, de cagarla o hacer algo mal. Porque estaría conmigo.

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