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Cicatrices

Mi cuerpo ha cambiado. No solo porque haya perdido barriga y algo de peso. Tengo cicatrices que me van a recordar lo que ha pasado, que nos recuerdan a todas por lo que hemos pasado pero en esta ocasión sin la recompensa que te hace mirarlas con cariño y admiración. Estoy acostumbrada a verme estrías, durante años el efecto yoyó me dejó marcada, pero ahora hay nuevas, de un color casi rojizo que me recuerdan lo recientes que son y que por una vez no crecí a lo ancho. Pero sin duda lo que más me duele es que mis aureolas no han recuperado su tonalidad de antes, empezaron a oscurecerse al tercer mes de embarazo y siguen igual, como si mis pechos (aunque deshinchados) se hubiesen quedado en “stand by” esperando a volver a coger el ritmo mientras siguen soltando pequeñas partículas de calostro acristalado. Quiero que se pase.

Miro hacia adelante y soy consciente de lo que me espera, es muy posible que en cuanto nos pongamos volvamos a ver un positivo al primer, segundo o tercer intento, que no nos va a volver a costar tanto encontrarlo. Pero al mismo tiempo no puedo evitar sentirme atemorizada al pensar que puede volvernos a pasar cualquier cosa. Si nos ha tocado ser uno de los 3 entre 10.000, ¿qué puede pasar ahora? Lo mismo no, pero hay mil problemas que pueden surgir, no estamos seguros de que todo vaya a ir bien en un segundo intento y creedme cuando os digo que en mi corazón está asomando el miedo. De momento no mucho, la pena está haciendo de tapón pero ya va asomando el hocico. Me va a días, hay veces que la pena no me deja pensar en un futuro, hay otros en que lo veo lejos y otros en que deseo que llegue agosto para tener los resultados, que salgan bien y poder empezar de nuevo, cerrar el ciclo y empezar otro. Entonces asoma la duda, el miedo de que haya algo… una cosita que no esté bien. Y mientras todo eso se mezcla en mi cabeza, me miro al espejo y me veo distinta.

Fue un acierto la medicación para dormir, desde que concilio el sueño veo las cosas de una manera más positiva, igualmente tengo que obligarme (obligarnos) a salir porque pasaríamos los días encerrados en casa, viendo la calle para ir a casa de mi madre o al médico, pero una vez decidimos que vamos a hacer algo no nos cuesta hacerlo luego, no estamos perezosos y eso me da buenas vibraciones. No me siento en un pozo.

Rectifico, me siento en un pozo pero he encontrado una cuerda, y está bien atada.

 

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