duelo, Estado de ánimo, muerte gestacional, pérdida de un hijo

Aceptación

Titulo esta entrada con una de las fases por las que pasamos, y que creo que es en la que estoy ahora mismo de lleno: la aceptación.

Mi vida ha dado un giro completo y eso al principio marea. Marea cuando ves las dos rallitas rosas y empiezas a crear un futuro a partir de ahí, a planificar cómo será tu casa, a comprar cosas que necesitarás o hacer una lista de deseos para que el que no sepa qué comprarte acierte seguro. Empiezas a pensar nombres, a construir en tu cabeza todo tipo de situaciones y vías de escape a distintos problemas e incluso piensas en cómo serán las próximas fiestas en familia. Todo son cuidados, intentas comer más sano, pasear para evitar la retención de líquidos, a comprarte ropa de “premamá” porque cada vez te molestan más los pantalones normales que te oprimen el vientre y no haces nada que pueda dañar a tu bebé (en mi caso fue fácil, no soy fumadora ni bebedora así que no tuve que cambiar prácticamente nada). Y en el momento en que te dicen que todo eso no va a ocurrir, te derrumbas. Has estado construyendo un castillo de naipes de puro amor y felicidad y de repente sopla una brisa que lo desmonta por completo, sin piedad y no hay nada que tú puedas hacer. Todo al garete. No habrá porra para ver en qué momento nace, no habrá foto de navidad ni una cuna en tu lado de la cama. No habrá nada.

La aceptación llega en el momento en que dejas de luchar contra lo imposible y entiendes que la vida a veces no es como planeamos y te das cuenta de que nada sirve tener rabia, porque cuanta más rabia tengas habrá menos sitio para la ternura: pensar con rabia y dolor te impide pensar con amor y recordar a tu hija tal como la vistes, llena de paz. Pensar con rabia te impide recordar con detalle sus facciones y el tacto de su piel, y eso es algo que quiero atesorar para siempre. Por eso quiero descartar cuanto antes todos esos sentimientos negativos, porque dentro de lo que hay, el rato que la tuve en brazos fue el más bonito hasta el momento porque por un breve momento fuimos tres, aunque nuestra pequeña tuviera los ojos cerrados fuimos una familia.

Y, descartada la ira, solo queda tristeza. Profunda como en el primer momento pero algo diferente, porque a medida que pasan los días nuestro ánimo va mejorando y vemos que pronto saldrá el arco iris porque una tormenta no dura eternamente.

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